Una ciudad a escala humana: el camino para transformar Hermosillo

Por: Marcela Orozco Noriega
Imaginemos una ciudad hecha a escala humana: personas caminando por banquetas anchas, seguras y sombreadas; ciclistas pedaleando en vías protegidas; transporte público eficiente y digno; espacios públicos vivos, llenos de árboles, comercio local y comunidad. Ese es el modelo de ciudad que muchas personas soñamos, y que las leyes mexicanas ya reconocen como el camino correcto. Sin embargo, la realidad que enfrentamos diariamente en Hermosillo dista de esa visión con calles accidentadas, tramos de banquetas inexistentes o inadecuadas, tráfico vehicular en aumento, zonas sin árboles ni vida. Un espacio público hostil, que no está pensado para los seres humanos, sino para los automóviles.
Durante más de 75 años, el modelo de desarrollo urbano en México ha priorizado el automóvil como símbolo de progreso. Esto ha generado ciudades extendidas, con viviendas aisladas, donde las personas están obligadas a depender del coche para prácticamente todo. La ciudad se ha convertido en un espacio excluyente, contaminado, peligroso, y profundamente inequitativo.
Hoy Hermosillo enfrenta una grave crisis de movilidad. En tan solo cinco años, el parque vehicular se duplicó. Somos el segundo lugar nacional en accidentes de tránsito. Pero en lugar de invertir en soluciones sostenibles y humanas, se siguen destinando cientos de millones de pesos a proyectos viales centrados en el coche, como pasos a desnivel, distribuidores viales y pavimentación de calles sin construir o rehabilitar banquetas, que lejos de resolver el problema, lo agravan.
La evidencia es clara. La demanda inducida, ampliamente documentada por estudios internacionales y recogida también en instrumentos nacionales como la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, demuestra que ampliar y facilitar el tránsito vehicular solo atrae más autos. Cuando reducimos los tiempos de traslado en coche, se multiplican los kilómetros recorridos, los viajes aumentan y el tráfico regresa, generalmente peor. Este fenómeno no es una hipótesis, es una realidad que se repite en todo el mundo. En el último año, la ciudad destinó más de 400 millones de pesos en infraestructura que prioriza el auto, pero, con lo que hemos explicado, esto realmente no ayuda a reducir el tráfico.
Pero hay otra forma de hacer ciudad. La escala humana, como la plantea la Carta de Leipzig, la Nueva Agenda Urbana de la ONU-Hábitat y la Ley General de Asentamientos Humanos en México, propone poner al peatón y al ciclista en el centro del diseño urbano. Una ciudad a escala humana es aquella que genera seguridad, confort y accesibilidad para todos y todas, sin importar edad, género o condición física.
¿Queremos menos tráfico? Entonces debemos construir menos infraestructura para autos y más infraestructura para las personas. Apostar por una red de cruces seguros, banquetas amplias, ciclovías conectadas, arborización masiva y, sobre todo, un transporte público de calidad. No se trata de prohibir el auto, sino de ofrecer alternativas reales para que quien quiera —o necesite— dejarlo, pueda hacerlo de manera segura, cómoda y eficiente.
Cada una de estas inversiones tendría un impacto directo en la salud, la economía y la calidad de vida de las y los hermosillenses. Y más importante aún, ayudaría a romper el ciclo de dependencia del automóvil que tanto nos ha costado.
La Ley de Movilidad de Sonora ya reconoce el derecho humano a la movilidad y jerarquiza a las personas peatonas, ciclistas y usuarias del transporte público por encima del coche particular. Pero esa ley no puede quedarse en el papel. Es momento de tomar decisiones valientes, de abandonar los viejos paradigmas del concreto y el asfalto, y de comenzar a construir una ciudad verdaderamente para todos.
Es cierto: cambiar la ciudad no es fácil, ni rápido. Pero cada peso que se invierte, cada obra que se ejecuta, es una decisión que refleja nuestras prioridades. Si seguimos invirtiendo en infraestructura para autos, seguiremos cosechando autos. Si queremos otra ciudad, tenemos que construirla.
No se trata de ideología, sino de sentido común, de cuidar nuestro bienestar colectivo. Como ciudadanía, debemos exigir que nuestras autoridades dejen de privilegiar proyectos carro-céntricos y comiencen a invertir en infraestructura para la vida. Y también debemos reconocer que no todo se resuelve desde el gobierno: nuestra actitud como sociedad cuenta. Dejar el egoísmo y pensar en quienes sí usarían la bicicleta, en quienes sí caminan, en quienes no tienen otra opción.
Hermosillo merece calles caminables, transitables, sombreadas y seguras. Merece una ciudad donde una niña pueda caminar sin miedo, donde las personas adultas mayores se sientan seguras cruzando la calle, donde el espacio público sea un lugar de encuentro y no de riesgo.
La escala humana no es una utopía: es una necesidad urgente. Y empieza con decisiones concretas.
Es hora de dejar de construir para los autos y comenzar a construir para las personas.
La autora es Arquitecta por la Universidad de Sonora. Maestra en Planeación de Riesgo y Resiliencia Urbana por la Universidad de Harvard. Directora general en Centro Capital AC. Maestra de cátedra en la Escuela de Arquitectura, Arte Digital, Diseño y Urbanismo del Tec de Monterrey. Integrante de la Mesa de Movilidad y de la Mesa de Desarrollo Urbano y Servicios Públicos de Hermosillo ¿Cómo Vamos?
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

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