Gentrificación, ¿héroe o villano?

Por: Arturo Fernández Díaz – González
La gentrificación es lo que pasa cuando un barrio, que estaba abandonado, vuelve a la vida. Se restauran edificios, se activa el comercio local y el vecindario entero se vuelve atractivo para vivir, invertir y caminar. Esto sucede con frecuencia en el centro de algunas ciudades en las que se implementa una estrategia de renovación inmobiliaria. Edificios que estaban abandonados, se restauran y vuelven a la vida mejorando la calidad de vida de la comunidad entera.
Esto suena muy bien, sin embargo, esto tiene otro lado de la moneda. Resulta ser que cuando mejoras la calidad de vida de una colonia, se vuelve más atractivo vivir ahí, esto aumenta la demanda, aumentando el valor de la propiedad y las rentas. En algunos casos esto no ha sentado bien con los habitantes de la comunidad. Por supuesto que todos queremos los beneficios de una mejor calidad de vida, pero no queremos pagar los costos que lo acompañan.
En Ciudad de México, en las últimas semanas, colonias como Roma, Condesa, Juárez e Hipódromo vivieron un estallido social por la gentrificación. Vecinos se manifestaron no solo contra el aumento de rentas, sino contra lo que consideraron una “invasión” de nómadas digitales, turistas y propietarios extranjeros. Algunas protestas terminaron en violencia, pintas, vidrios rotos, saqueos, e incluso agresiones a visitantes.
Un fenómeno similar sucedió en Barcelona en el verano de 2024. Manifestantes salieron con pistolas de agua contra turistas en Las Ramblas y gritaron “un turista más, un vecino menos”. Una mayor afluencia de turistas disparaba el costo de las rentas y eso no sentaba bien con los vecinos.
Las protestas como las de Ciudad de México o Barcelona lamentablemente confunden síntomas con problemática. La gentrificación bien dirigida puede ser un motor de crecimiento económico, social y cultural. Lo que algunos llaman “exceso de turistas” o “invasores” puede traer más beneficios que problemas. La gentrificación, tiene un súper poder: convertir lo olvidado en oportunidad.
Cuando Barcelona recuperó espacios infrautilizados para vivienda y turismo de calidad, reconstruyó la base económica de la ciudad de “zonas olvidadas”. Hoy esas áreas valen mucho más, existe un incentivo para invertir y las arcas públicas también se benefician de ello.
Otro claro ejemplo es el de Medellín, Colombia, con Sergio Fajardo como alcalde (2004 al 2007). Fajardo aplicó un urbanismo que transformó barrios marginados enteros con infraestructura, reconstruyendo escuelas con arquitectura moderna, vivienda digna, bibliotecas y parques, mejorando la calidad de vida de la comunidad, el valor de la propiedad y reduciendo desigualdad. Este incremento en valor no solo benefició a la ciudadanía, sino también la recaudación de impuestos vía impuesto predial. Una lección invaluable para todo presidente municipal.
El caso reciente de El Salvador tampoco lo podríamos ignorar. El Salvador dio un giro en seguridad como pocos. Pasó de ser uno de los países más peligrosos del continente a ser uno de los más seguros del hemisferio. Donde antes no se podía entrar por la inseguridad, ahora las familias pasean de noche sin miedo, y las playas abandonadas hoy son joyas turísticas. Esto impacta en el valor inmobiliario, las rentas, y la inversión responde en consecuencia.
¿Qué podríamos aprender para nuestra comunidad? Que transformar propiedades históricas, o barrios deteriorados, no solo mejora la calidad de vida, fortalece el sentimiento de pertenencia de la comunidad, aumenta el consumo local, genera empleo y orgullo ciudadano. Es la forma inteligente de aumentar riqueza sin una expansión ciudadana descontrolada.
En Hermosillo, Sonora, hay más de 80 propiedades históricas registradas por el INAH, muchas de ellas abandonadas, otras simplemente fueron demolidas, y algunas en muy mal estado. La mayoría de estas propiedades se encuentran en el centro de la ciudad y el rescate de estos inmuebles implicaría revitalizar el centro de la ciudad con cafés, galerías y coworks, generando empleos directos e indirectos. Un plan así aumentaría el flujo de visitantes y de consumidores foráneos y locales, aparte de reforzar el arraigo.
Claro, es previsible que el valor de la propiedad y las rentas aumenten, pero habría que contar con una estrategia de socialización oportuna e inteligente. Como complemento habría que ofrecer incentivos a arrendadores locales, y esquemas de apoyo para aquellos que se vean en la necesidad de mudarse.
El primer paso sería crear un programa de restauración patrimonial para todas aquellas propiedades abandonadas o en mal estado, con incentivos fiscales, para renovadores que den uso productivo a estos inmuebles. Promover la visita de nómadas digitales y turistas, pero monitoreando siempre a los habitantes locales. Habría que establecer mecanismos de consulta vecinal permanentes para identificar posibles inconformidades y acompañar con programas sociales. Así aprovechamos la gentrificación como motor de desarrollo diseñado para beneficiar a todos.
Transformar no es desplazar, es dar valor al corazón de la ciudad sin dejar a nadie atrás. Las ventanas rotas en Coyoacán o Barcelona no hablan de progreso, sino de falta de orden.
El autor es: Coordinador de la Mesa de Competitividad y Desarrollo Económico de Hermosillo ¿Como Vamos?, Presidente de Sonora Global EDC, Vicepresidente del Instituto Mexicano de Mejores Prácticas Corporativas, Vicepresidente de la Comisión de Competitividad y Mejora Regulatoria de Coparmex Nacional.
Las opiniones expresadas en los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de Hermosillo ¿Cómo Vamos?. Valoramos la diversidad de perspectivas y fomentamos el diálogo abierto en nuestra plataforma para enriquecer el debate público.

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