Hermosillo 2127: un pacto por el agua

Por: Antonio Cañez Cota
En 2027 tendremos elecciones y, como cada tres años, aparecerán candidatos y candidatas dispuestos a salvar a Hermosillo. Algunos se presentarán casi como Superman o Superwoman, con soluciones extraordinarias a problemas acumulados durante décadas. Seguramente tendrán buenas intenciones, pero difícilmente podrán cumplir sus promesas sin tiempo, dinero y una estrategia que trascienda su administración.
Pero ¿qué pasaría si, en lugar de pensar solo en 2027, comenzáramos a pensar en Hermosillo 2127? Imagina que nuestra ciudad se queda sin suficiente agua para sostener a su población.
Tu tinaco está vacío y tu bomba presurizadora no sirve para nada. Las empresas comienzan a marcharse, los empleos desaparecen y las familias buscan dónde vivir. Tu casa, por la que trabajaste durante décadas, pierde su valor. Las calles parecen una escena de The Walking Dead: negocios cerrados, viviendas abandonadas y una ciudad que deja de funcionar. Por la calle desierta rueda un chamizo.
¿A dónde te irías? ¿Qué harías con tu patrimonio? ¿Dónde comenzarías de nuevo? Seguramente piensas que exagero. ¡Eso espero! No estoy diciendo que Hermosillo vaya a convertirse en una ciudad fantasma. Pero imaginarlo nos recuerda que el agua no es solo un servicio público: es una condición para que nuestra ciudad exista.
Otras ciudades han estado peligrosamente cerca. En 2018, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, estuvo al borde del llamado Día Cero, cuando las autoridades contemplaban suspender el suministro ordinario a una buena parte de los hogares. Se estableció un límite diario de 50 litros por persona. ¡Apenas cinco cubetas para todas sus necesidades! En 2019, Chennai, India, enfrentó otra crisis: sus principales embalses se secaron casi por completo y miles de personas dependieron de pipas.
La lección es sencilla: ninguna ciudad debería esperar a quedarse sin agua para prepararse. ¿Qué tiene que ver esto con las elecciones de 2027? Muchísimo. Debemos cuidarnos de dos discursos peligrosos: quienes prometen soluciones extraordinarias e inmediatas y quienes hablan de coordinación, participación y estrategias a largo plazo, pero nunca explican cómo convertir esas palabras en realidad.
Desconfiemos de ambos. Preguntemos: ¿cómo piensa lograrlo? Y si nos responden que debemos trabajar juntos y pensar en el futuro, insistamos: ¿qué acciones concretas realizará durante su gobierno? Tampoco permitamos que el agua se convierta en una bandera partidista. La polarización puede generar aplausos y votos, pero difícilmente construirá soluciones duraderas. El agua no distingue partidos políticos. Su escasez tampoco.
Por eso, propongo que construyamos, entre todos, el Pacto por el Agua de Hermosillo 2127. Un acuerdo ciudadano e institucional con visión de cien años, abierto a autoridades, especialistas, empresas, organizaciones y habitantes. Pero no un pacto de discursos, fotografías y firmas. Su compromiso sería establecer un programa permanente de inversiones hidráulicas, con obras prioritarias, costos, financiamiento y metas trienales, e incorporarlo a los instrumentos formales de planeación y presupuesto municipales.
No se trata de adivinar qué necesitará Hermosillo dentro de cien años, sino de impedir que cada tres años volvamos a empezar de cero. Cada gobierno asumiría compromisos verificables, sin descuidar las urgencias cotidianas. El programa se actualizaría periódicamente, pero sus prioridades estratégicas no dependerían de los cambios de administración.
Pero hay otro riesgo: que las grandes inversiones hidráulicas favorezcan intereses particulares. Para reducirlo, las decisiones estratégicas sobre obras e inversiones no deberían depender de una sola persona, sino de órganos colegiados, con reglas claras y participación técnica y ciudadana. Cuanto más se distribuye y se controla el poder de decisión, más difícil y costoso resulta capturarlo.
Mi invitación es concreta: exijamos que las candidaturas de 2027 se comprometan públicamente a impulsar este pacto y, si llegan al gobierno, incorporen sus inversiones prioritarias en los presupuestos municipales. No les pidamos resolver en tres años los problemas acumulados durante décadas. Pidámosles que, al terminar su administración, demuestren, con obras y resultados verificables, que cumplieron su parte.
Séneca sostenía que la vida no es corta, sino que desperdiciamos gran parte de ella. Algo parecido ocurre en nuestras ciudades: dejamos pasar años sin tomar las decisiones necesarias. Cien años parecen una eternidad, pero ¿cuántos llevamos posponiendo lo que sabemos que debemos hacer?
En mi próxima columna compartiré ideas sobre cómo organizar este pacto, financiar sus inversiones y darle continuidad. No será una propuesta definitiva, sino una aportación para discutir abiertamente cómo llevarlo a la práctica.
Tú eres el 27. Tu voto decide quién gobierna durante tres años; tu exigencia y participación pueden hacer que las soluciones duren cien años.
El autor es Doctor en Política Pública. Profesor-Investigador en El Colegio de Sonora. Integrante de la Mesa de Agua de HCV.
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

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