Nos enseñaron mal
Por: Diana Patricia Gutiérrez Fuentes Durante generaciones creímos que el drenaje era el final del camino. No lo es. Nos...
Por: Diana Patricia Gutiérrez Fuentes Durante generaciones creímos que el drenaje era el final del camino. No lo es. Nos...
Durante décadas, en Hermosillo se ha vivido con la idea —y con razón— de que su principal desafío hídrico es la sequía. Nos preocupan las presas bajas, los acuíferos sobreexplotados y las temperaturas extremas. Sin embargo, pocas veces pensamos en el problema contrario: demasiada agua en muy poco tiempo.
El planeta ha entrado en la era de la “bancarrota hídrica”. El reporte 2026 de UNU INWEH (Universidad de las Naciones Unidas – Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud) sostiene que, en muchas cuencas y acuíferos, el uso prolongado ya rebasa la recarga y los límites seguros de agotamiento.
“La historia del hombre comienza en las alcantarillas”. La frase es provocadora, pero profundamente cierta si pensamos en la evolución de la humanidad.
Hermosillo está en un momento decisivo para dar el paso hacia una ciudad más competitiva y próspera, más segura, más verde y más humana. No actuar nos llevará a un futuro complicado en el que comprometemos el bienestar de las siguientes generaciones con temperaturas extremas, estrés hídrico, congestión vial, mala calidad del aire, falta de espacios públicos dignos y una competitividad urbana que se debilita.
En la colaboración editorial anterior, escribí sobre la Presa Abelardo L. Rodríguez como un espacio de conservación para la ciudad de Hermosillo; en esta ocasión deseo exponer los antecedentes que llevaron a su construcción y operación por más de 70 años, así como las pugnas que se dieron por el uso del agua del Río Sonora; el artículo abarca la década de los años 30’s y 40’s.
El problema del agua es mucho más complejo de lo que a veces queremos creer. Con frecuencia, se busca resolverlo con una sola medida —una presa, un pozo, una planta— con una visión simplista, como si todo dependiera de un solo factor. Pero la realidad es otra: el agua es reflejo del estado de nuestros ecosistemas, y hoy esos ecosistemas están dañados.
Entre los pueblos nómadas de Arabia, mucho antes del petróleo y las ciudades, había una regla que nadie cuestionaba: el agua se comparte. Los viajeros podían ser rivales en el comercio o la religión, pero en el desierto estaban unidos por una verdad simple: negar el agua era condenar al otro a la muerte.
El agua nos ha acompañado desde el inicio de la vida. Ha moldeado ríos, ha dado nombre a ciudades, ha sostenido cosechas, ha saciado la sed de generaciones. Y, sin embargo, hoy parece escaparse de nuestras manos.
Hermosillo enfrenta una crisis hídrica grave, resultado de la sobreexplotación de las fuentes de agua, la degradación de ecosistemas y una administración deficiente. Los planes actuales para el abastecimiento se enfocan en temas relacionados en general a la gestión, administración y uso eficiente, pero ignoran un elemento fundamental: la restauración de ecosistemas como estrategia para generar agua.