El secuestro del T-MEC y la nueva competitividad

Por: Arturo Fernández Díaz González
La revisión del T-MEC puede parecer un asunto lejano, pero no lo es. Para Hermosillo, ese proceso puede traducirse en más o menos inversión, en mejores o peores empleos, en cadenas de suministro que se instalan aquí o que se van a otra parte, y en una frontera lo que hoy se discute allá, mañana se siente aquí.
El problema es que el T-MEC ya no se está revisando solamente como tratado comercial. El 5 de marzo de 2026, la USTR y la Secretaría de Economía anunciaron el arranque del proceso de revisión, y el mensaje de Washington fue muy claro: quieren reducir la dependencia de importaciones fuera de la región, endurecer reglas de origen y reforzar la seguridad de las cadenas de suministro. En otras palabras, el acuerdo está entrando a una nueva etapa en la que comercio, seguridad, migración, energía, confianza y competencia se están discutiendo en la misma mesa.
Eso es lo que me lleva a hablar del secuestro del T-MEC, o más bien el secuestro de los negociadores del T-MEC. Corremos el riesgo de que nuestros funcionarios prioricen rescatar su proyecto político por encima del desarrollo del país y de ciudades como Hermosillo. Esto nos podría llevar a una mala negociación del tratado.
Con reglas más duras y estrictas, la nueva competitividad no dependerá de quién produce mejor o más barato. Dependerá de quién inspira mayor confianza y quién cumple reglas más estrictas.
Esto también nos podría llevar a un escenario de revisión y negociación perpetuas. El artículo 34.7 del tratado establece que, si en la revisión no se confirma por escrito la extensión del acuerdo, el T-MEC no se cancela automáticamente. Lo que ocurre es que se detona un mecanismo de revisión anual por el resto de su vigencia, 10 años. Ese detalle importa muchísimo, porque significa que el mayor riesgo es una incertidumbre prolongada. Un tratado que sigue vivo, pero bajo presión constante, puede inhibir la inversión, la relocalización y la expansión de empresas extranjeras.
Además, el capítulo 27 del T-MEC incorpora obligaciones sobre integridad pública, códigos de conducta y manejo de conflictos de interés. Eso confirma que la credibilidad de nuestro gobierno dejó de ser un tema ajeno e independiente. Hoy también es parte de la competitividad. Si la confianza cuenta más, entonces México necesita llegar a esta mesa de negociación con una representación independiente del más alto nivel técnico, reputacional y moral. Se necesita un equipo que proyecte independencia, experiencia, solidez y compromiso exclusivo con el interés nacional.
¿Por qué debe importarle esto a Hermosillo? Porque nuestra economía está profundamente conectada con Estados Unidos y con Arizona. Sonora exportó en 2024 más de 13 mil 500 millones de dólares hacia Estados Unidos. Del otro lado, Arizona reconoce a México como su principal socio comercial, con 14 mil millones de dólares en importaciones desde México y 14.6 mil millones en exportaciones. Hermosillo está en el corazón de esta región con manufactura de precisión, logística, talento técnico, proveeduría y cercanía.
Todo esto está muy bien, pero ¿y que hay que hacer? De entrada, se necesita una agenda propia de competitividad frente a la revisión del T-MEC.
La primera tarea es entender que la nueva competitividad se mide por confianza. Una ciudad competitiva hoy debe ofrecer certidumbre regulatoria, tiempos razonables para abrir empresas, infraestructura logística eficiente, energía suficiente y escalable, agua suficiente, talento técnico pertinente y un dialogo binacional fluido.
La segunda tarea es elevar el nivel de nuestra conversación pública. Vamos pasando al nearshoring al asiento trasero. Lo que viene es una competencia por ser territorio confiable dentro de Norteamérica. Eso obliga a Hermosillo a pensar más en cumplimiento, trazabilidad, proveeduría local, formación de talento y coordinación con Arizona.
La tercera tarea es impulsar, desde lo local, que México llegue a esta revisión del T-MEC con los mejores perfiles posibles: personas con experiencia amplia en negociación internacional, prestigio público, peso reputacional y sin conflictos de interés. Cuando una negociación de esta magnitud se contamina por dependencias políticas, el país pierde margen de maniobra. Y si se utiliza esa mesa de negociación para algo diferente que lo que más le conviene a México, todos pagamos la factura.
En esta coyuntura, la mejor postura es la preparación. Si el T-MEC va a entrar a una etapa más dura, Hermosillo debe responder con una visión más seria de ciudad: mejor entorno para invertir, mayor coordinación público-privada, mejor relación con Arizona, mejor capital humano y una voz local más firme en la defensa de lo que está en juego.
Porque el T-MEC podrá revisarse en Washington, pero sus consecuencias se van a vivir en Hermosillo.
El autor es Empresario. Coordinador de la Mesa de Desarrollo Económico y Competitividad de Hermosillo ¿Cómo Vamos? Fundador y Presidente de Sonora Global.
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

Previous Post
Next Post