En Hermosillo, el lujo del futuro será tener agua

Por: Diana Patricia Gutiérrez Fuentes

Hay algo extraño en la manera en que Hermosillo piensa su futuro hídrico: seguimos imaginando grandes soluciones para conseguir agua, pero muy pocas para dejar de desperdiciarla. Quizá ha llegado el momento de hacernos otra, más de fondo: ¿qué tipo de proyectos hidráulicos queremos para esta ciudad?

Porque no es lo mismo construir por construir que construir con un propósito y con futuro.

Construir por construir es responder a la urgencia del momento con la obra que alcanza a inaugurarse en una administración. Esa respuesta es necesaria, pero cuando se convierte en la única estrategia, la ciudad vive permanentemente en modo de emergencia, gastando cada vez más para obtener cada vez menos.

Construir con propósito es otra cosa. Es preguntarse, antes de colocar la primera piedra, qué papel jugará esa obra dentro de un sistema completo: cómo se abastece, cómo se opera, quién la mantiene, cuánto cuesta sostenerla dentro de veinte años y cómo se conecta con el crecimiento de la ciudad. Una obra hidráulica no es un evento: es un compromiso de largo plazo.

Ahí está uno de nuestros mayores retos. Los proyectos hidráulicos se diseñan para funcionar durante décadas, pero con frecuencia se planean al ritmo de los ciclos políticos. Una planta de tratamiento sin presupuesto de operación, un sistema de bombeo sin mantenimiento o una red que crece sin actualizar sus capacidades terminan convirtiéndose en infraestructura que existe en el papel, pero no en el servicio que recibe la gente.

Por eso es urgente que el sistema, y no solo la obra, sea capaz de sostener los proyectos a largo plazo. Eso significa organismos operadores con finanzas sanas y capacidad técnica, tarifas que reflejen el costo real de llevar agua a una ciudad en el desierto con apoyos claros para quien más lo necesita, planes de inversión que trasciendan administraciones y mecanismos de transparencia para que la ciudadanía pueda dar seguimiento a lo que se promete y a lo que se cumple. Y significa, sobre todo, que el agua esté en el centro de la planeación urbana.

Hermosillo sigue creciendo. Cada nuevo fraccionamiento, parque industrial o centro comercial es también una nueva demanda de agua y una nueva descarga al drenaje. Sin embargo, muchas veces decidimos primero dónde y cómo crecer, y solo después nos preguntamos de dónde saldrá el agua para sostener ese crecimiento. Deberíamos hacerlo al revés.

El Plan de Desarrollo Urbano es la herramienta para lograrlo. En él puede quedar establecido cómo crecer con más inteligencia: priorizar la densificación de zonas que ya cuentan con redes, antes que extender la mancha urbana hacia donde llevar agua es más caro; exigir que los nuevos desarrollos de cierto tamaño incorporen sistemas de tratamiento y reúso para sus áreas verdes; condicionar las autorizaciones a una evaluación seria de la disponibilidad hídrica.

Pensar así abre oportunidades. El agua residual, por ejemplo, puede dejar de verse como un desecho. Tratada bajo las normas sanitarias correspondientes, puede regar parques, abastecer procesos industriales y sustituir agua potable en usos que no requieren esa calidad. Cada litro reutilizado es un litro de agua potable que queda disponible para lo que sí la necesita: beber, cocinar y la salud de nuestras familias. Si el tratamiento y el reúso se planean desde el diseño de cada desarrollo, la ciudad gana agua sin salir a buscarla más lejos.

Nada de esto depende solo del gobierno. Los desarrolladores pueden convertir la eficiencia hídrica en un valor de sus proyectos. La academia puede aportar diagnósticos y soluciones adaptadas a nuestra realidad. Y la ciudadanía tiene un papel decisivo: participar en las consultas del Plan de Desarrollo Urbano, preguntar antes de comprar una vivienda cómo se abastece y cómo trata sus aguas el fraccionamiento, reportar fugas y exigir información clara sobre cuánta agua se extrae, cuánta se pierde, cuánta se trata y cuánta se reutiliza.

Durante mucho tiempo asociamos el lujo con metros cuadrados, acabados y amenidades. En una ciudad desértica que enfrenta sequías más largas y veranos más intensos, esa idea está cambiando. En pocos años, el verdadero valor de una casa, de una colonia o de una ciudad entera dependerá de algo mucho más básico: abrir la llave y tener agua, hoy y mañana.

Ese futuro no se improvisa. Se construye con decisiones menos visibles que una inauguración, pero decisivas: planear antes de crecer, invertir en operar y mantener lo que ya tenemos, aprovechar cada litro más de una vez y darle continuidad a los proyectos más allá de quien los inicie.

Necesitamos cambiar la pregunta. No solo cuánta obra hacemos, sino qué ciudad estamos construyendo con ella.

Porque si el lujo del futuro será tener agua, la mejor inversión que podemos hacer hoy es planear para que nunca deje de ser un derecho.

La autora es ingeniero industrial. Maestra en gestión integral del agua, con pasión por el tratamiento de aguas residuales y las soluciones sostenibles, comprometida con una gestión responsable en beneficio de la sociedad y el medio ambiente. Integrante de la Mesa de Agua de Hermosillo ¿Cómo Vamos?

Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.