Educación superior y competitividad: el reto pendiente de Sonora

Por: Sergio Tadeo Leyva Fimbres

En días pasados, los miembros de la mesa de desarrollo económico de Hermosillo Cómo Vamos nos reunimos con Mario Juárez, director ejecutivo de Chihuahua Global, para conversar sobre nearshoring, T-MEC y los retos de la competencia regional. Fue una plática entre amigos: Mario compartió su experiencia al frente de Chihuahua Global y cómo Chihuahua y Ciudad Juárez -junto con sus gobiernos municipales y el estatal- han logrado articular esfuerzos en la atracción de inversión. El resultado fue un aprendizaje valioso, tanto profesional como social.

El reto que tenemos por delante es amplio, pero uno destaca sobre los demás: la articulación real entre cámaras empresariales, clústers, academia, sociedad y gobierno. Hoy se habla mucho de “vincular” la academia con la industria -la educación dual está de moda, también las soluciones estudiantiles a problemáticas puntuales- pero en la práctica seguimos desarticulados. Una de las razones es que cada universidad trabaja con las empresas sin indicadores reales de medición. En este texto me centraré en un tema concreto que surgió en la conversación con Mario: el ingreso de los recién egresados a la industria.

Los indicadores económicos recientes no son alentadores. Las nuevas inversiones representaron apenas el 7.2% del total de la Inversión Extranjera Directa (IED) captada en el primer trimestre de 2026, y México cayó 6 lugares en la Clasificación Mundial de Competitividad 2026, ubicándose en el puesto 62. A esto hay que sumar el número de egresados universitarios, la deserción en preparatoria y secundaria, y una industria que exige cada vez más competitividad internacional y, por tanto, más habilidades duras y blandas en quienes egresan. Es un problema de fondo: las instituciones educativas no han logrado establecer indicadores reales para medir el desarrollo de esas competencias.

Las universidades hablan de integrar la Inteligencia Artificial (IA) en sus planes de estudio, pero surgen preguntas obligadas: ¿los docentes están realmente capacitados en el tema? ¿quién mide ese nivel de capacitación? ¿cómo se evalúa el impacto de la IA en los estudiantes y, más adelante, en su desempeño laboral?

Estas preguntas importan porque la base de cualquier implementación de IA en el aula es el pensamiento analítico, crítico y la solución de problemas complejos, habilidades que los estudiantes deben desarrollar antes de apoyarse en la tecnología, guiados por sus docentes. Para lograrlo, las universidades necesitan, en orden: un programa real de capacitación en habilidades duras y blandas, infraestructura actualizada de laboratorios que conecte teoría y práctica y una articulación genuina con la industria, medible en patentes, transferencia tecnológica y otros indicadores concretos.

También es necesario que las universidades colaboren entre sí, sin renunciar a sus propios lineamientos, para construir un modelo de educación dual real y formar equipos multidisciplinarios de las diversas instituciones capaces de generar soluciones innovadoras para la industria y la sociedad. En esas mesas de trabajo deben participar las cámaras empresariales y clústers, el gobierno -a través de la Secretaría de Educación y Cultura del Estado de Sonora (SEC)- y, por supuesto, la sociedad, que será la principal beneficiada cuando mayor productividad y competitividad se traduzcan en mejores ingresos y calidad de vida. La competitividad, al final, es resultado de un trabajo coordinado y medible.

Uno de los retos más urgentes es el grado de escolaridad de la población de 25 años o más, que en Sonora promedia 10.6 años, según el Índice de Competitividad Estatal 2025 del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Es decir, apenas el primer semestre de preparatoria. Transformar a esa fuerza laboral -en automatización, IA, transición energética, digitalización y habilidades blandas como la solución de problemas complejos- es indispensable y urgente. Si queremos que Sonora sea un estado competitivo y atractivo para la inversión, la respuesta es obvia: todos los actores deben trabajar en la misma dirección, sin egos ni tintes políticos.

Las universidades deben dar el ejemplo, colaborando sin distinción entre públicas y privadas. Se requieren estrategias claras en educación dual, desarrollo de competencias, una segunda lengua, y evaluación con indicadores internacionales, idealmente a cargo de un agente externo que mida resultados sin sesgos educativos o políticos.

El primer paso es medir el desarrollo de competencias blandas en las ingenierías STEM -solución de problemas, pensamiento analítico, razonamiento matemático- y hacer públicos esos resultados, no solo a instituciones y a la SEC, sino también a cámaras, clústers y sociedad. Para esto se necesitan dos elementos: un agente evaluador STEM, que ya existe gracias al programa 3iN, y un fondo financiero, que aún falta por conseguir. Ahí está el segundo reto.

Tenemos grandes retos por delante: mejorar la calidad de vida, generar empleos especializados y convertir a Sonora en ejemplo nacional de trabajo coordinado, eficiente y libre de egos o sesgos. Como decía Ken Blanchard, experto en liderazgo: “Ninguno de nosotros es tan inteligente como todos nosotros juntos“.

El autor es docente adscrito al departamento Metal Mecánica del TecNM Campus Hermosillo (ITH) y miembro activo de la Red Hermosillo ¿Cómo Vamos?

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