LA SEGURIDAD VIAL COMO CRITERIO INDISPENSABLE DE LA MOVILIDAD
Agenda HMO (Hermosillo ¿Cómo Vamos?

Por: Héctor Duarte Tagles
Nuestras ciudades en México responden a un diseño urbano que favorece la circulación del automóvil particular sobre cualquier otro modo de transporte. Esto ha traído como consecuencia que otras formas de movilidad dentro de las ciudades queden relegadas a ciertos espacios definidos y algunas de ellas hasta se vuelvan invisibles para las políticas públicas.
Recientemente ha surgido el debate en Hermosillo por la protesta de algunos estudiantes de la Universidad de Sonora, exigiendo que se elimine el puente peatonal que conecta el lado universitario con el antiguo Hospital General del Estado (HGE), por el Blvd. Luis Encinas Johnson. La petición propone que, en lugar del puente, se construya un paso peatonal a nivel de calle con semáforo para el paso de transeúntes.
Esto no es nuevo. En una pasada colaboración del Arq. Hugo Moreno Freydig en 2022 (también integrante de la Red HCV), exponía a detalle porqué dicho puente no podía considerarse peatonal. Creo que las razones que por entonces esgrimía el maestro, aún son válidas actualmente en su mayoría. De fondo permea el paradigma de que en las políticas e infraestructura urbana no se prioriza a la persona en el espacio público. Y esa sigue siendo una materia pendiente, a pesar de que la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial nace con ese espíritu desde que fue promulgada en 2022.
La construcción del puente peatonal tenía la mejor de las intenciones, que era evitar poner en riesgo la seguridad tanto de estudiantes universitarios como de las personas usuarias del hospital (pacientes y sus familiares). Desde la óptica de la salud pública, la medida se justificaba para evitar más fatalidades como la ocurrida meses antes en un sector cercano, ya que las condiciones de riesgo eran similares, y, por lo tanto, la probabilidad de ocurrencia seguía siendo alta. Sin embargo, la conceptualización del proyecto, desde su diseño, construcción y en su fase de operación, no se realizó de manera integral ni sistemática, sino aislada del contexto. En otras palabras, las autoridades pensaron que por sí mismo el puente peatonal resolvería el problema sin necesidad de mayores cuidados y supervisión. Y este es el error de muchas medidas que se toman a nivel colectivo dentro de las comunidades, sean urbanas o rurales.
El puente se pensó solamente para un tipo de usuario, aquel que pudiera moverse sin ninguna discapacidad sobre todo motriz, ya sea temporal o permanente. Estando frente a un hospital que ofrecía el servicio de atención médica a la población más vulnerable por antonomasia, refleja la poca empatía hacia esta población. Los mismos estudiantes ahora han demostrado lo difícil que es subir el puente en silla de ruedas, pero en esta categoría podríamos incluir también a personas con problemas de insuficiencia coronaria, respiratoria o haber padecido un evento cerebral-vascular que igualmente limita su movilidad. El diseño del puente debió de haber siempre considerado estos casos. Y aunque el HGE fue reubicado, el problema para las personas con discapacidad motriz sigue presente, aunque el número de ellas haya disminuido en la zona.
Por otro lado, me preocupa que personas sin la discapacidad motriz utilicen el argumento de la distancia recorrida para el debate a favor del proyecto del paso peatonal a nivel de calle. Creo que eso no abona a la justificación. En una sociedad tan sedentaria, esta caminata diaria seguramente contribuye más a la salud de la persona que no hacerla. Sin embargo, como lo han señalado los mismos estudiantes, el problema en este sentido son las condiciones inseguras e insalubres en las que se tiene que realizar. Y aquí nuevamente se observa que el proyecto no contempló adecuadamente la fase de operación y mantenimiento del mismo, más allá de pintarlo cada cierto tiempo y hacerle reparaciones de albañilería menores. Sin iluminación adecuada y sobre todo, sin la vigilancia constante de la policía e incluso de agentes de tránsito, era cuestión de tiempo que dicho puente fuera utilizado por indigentes, o personas mal intencionadas relacionadas al consumo de drogas ilegales. Bajo esas condiciones de poca supervisión y con relativo aislamiento, el puente peatonal se volvió un lugar inseguro e incómodo para cruzar la mayor parte del tiempo (salvo en las campañas de limpieza y mantenimiento).
El Dr. Monroe Keyserling define que un accidente es un evento repentino y sin anticipación que puede ocasionar un efecto indeseable, tales como daño material, lesiones o incluso la muerte. Y aclara que por lesiones se entiende un daño físico a tejido corporal causado por un accidente o por exposición a un agente peligroso. Un puente peatonal podría ser una medida que busca anticiparse a prevenir un accidente con consecuencias fatales. Sin embargo, mantener un puente peatonal resulta oneroso por las obras civiles adicionales que debe contemplar (para que sea equitativo con las personas con discapacidad motriz), aparte de la constante vigilancia que implica su buen funcionamiento. Si las autoridades no tienen los recursos para comprometerse a que el puente cumpla su función a cabalidad, será tiempo entonces de pensar en alternativas más factibles, prácticas, y sobre todo, centradas en el peatón.
El autor es Profesor-investigador del Departamento de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Sonora. Especialista en Salud Ambiental y Ocupacional. Integrante de la Red HCV. Email: hector.duarte@unison.mx.
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

Previous Post
Next Post