¿Puede una conversación cambiar una calle?

Por : Patricia Montes Stefanoni


Hace algunos meses, la comunidad de fe a la que asisto rentó una bodega en una colonia de Hermosillo. Lo que para muchos era simplemente un nuevo espacio de reunión, para nosotros fue la oportunidad de servir a nuestra ciudad de una manera distinta.

El entorno donde se encontraba la bodega prácticamente había desaparecido bajo un tiradero clandestino. Las marcas de las quemas y el abandono habían normalizado una escena que ya nadie cuestionaba.

En lugar de resignarse, varios miembros decidieron actuar. Retiraron escombros y residuos de manejo especial, colocaron grava, pintaron las paredes y comenzaron a devolverle vida a un sitio que muchos daban por perdido.

Poco tiempo después, desde el Colectivo Ambientalista de Sonora nos sumamos para orientar a sus integrantes sobre las rutas institucionales de denuncia y dar seguimiento a los reportes canalizados mediante Atención Ciudadana de Servicios Públicos. Ese acompañamiento permitió concluir la recuperación del espacio: se niveló la calle y se colocó un letrero para desalentar que se volviera a convertir en un basurero.

Desde hace años creemos que la prevención comienza mucho antes de una denuncia: cuando los vecinos vuelven a sentirse parte del lugar que habitan y deciden cuidarlo juntos. Con esa convicción permanecimos durante los meses siguientes para que el cambio se sostuviera. Fue durante una de esas visitas cuando ocurrió una conversación que confirmó que íbamos por el camino correcto.


Eran las siete de la tarde. Tomé mis guantes, un costal y un rastrillo. La calle lucía distinta a la de los primeros días, aunque seguían apareciendo algunos cacharros y gallos muertos.

Mientras retiraba algunos desechos vi a varios hombres reunidos frente a la bodega de al lado. Conversaban, reían y compartían botanas. En el suelo había una envoltura y varias colillas de cigarro.

Me acerqué, no para llamarles la atención, sino para contarles por qué ese lugar era tan importante para nosotros.

Me presenté y les expliqué que, hasta hacía poco, ese era un punto frecuente de quemas, donde la basura se acumulaba una y otra vez.

Me respondieron que llevaban poco tiempo trabajando ahí y que desconocían por completo lo que había ocurrido anteriormente.

Antes de despedirme les hice una petición.

—Cuando hagan sus reuniones, ¿podrían llevarse su basura? Con eso nos ayudan muchísimo.

Algunos asintieron con la cabeza. Uno de ellos bajó la mirada y recogió la envoltura del suelo.

Agradecí y seguí caminando.

Unos metros más adelante encontré varias botellas de vidrio.
Mientras las levantaba escuché una voz detrás de mí.

—Qué pena, esas botellas las tiramos nosotros.

Le expliqué que no buscaba culpables. Solo quería que supieran que, en una ciudad como Hermosillo, la acumulación de residuos, el pasto buffel seco, las altas temperaturas y el viento pueden convertir cualquier descuido en el inicio de un incendio.

Me miró con sorpresa y se hizo cargo de las botellas.

Continué con la jornada. Un momento después volvió a acercarse.

—La verdad me da mucha vergüenza verla sola limpiando.

Sonreí.

—No estoy sola. Nos organizamos y nos turnamos para venir.

Me felicitó y señaló la parte más descuidada de la calle.

—¿Sabe qué? Yo me hago cargo de todo este lado. Voy a adoptar toda la barda.

Era miércoles. Dos días después ya estaba ahí con algunos de sus compañeros.

El domingo, ese tramo lucía completamente diferente.

En el Colectivo Ambientalista de Sonora hemos aprendido que una acción transforma una calle, pero es la permanencia la que cambia su historia. Por eso hablamos de ciudadanos vigilantes: personas cuyo compromiso va más allá de la fotografía y que acompañan el seguimiento de los reportes para fortalecer la colaboración entre la ciudadanía y las instituciones.


Con demasiada frecuencia creemos que participar consiste únicamente en denunciar y esperar. Denunciar es indispensable, pero no suficiente. Cuidar una ciudad también implica aprender a cuidarnos entre nosotros, porque la manera en que interactuamos termina reflejándose en los espacios que compartimos.

La convivencia es también una forma de prevención. No es casual que la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) ubique a Hermosillo entre las ciudades con mayor incidencia de conflictos entre vecinos. Más que una estadística, ese dato merece una reflexión: ¿Nos estamos acostumbrando a escucharnos menos y a juzgarnos más?

Sin dejar de preguntarnos qué más pueden hacer las autoridades, también vale la pena mirar hacia nosotros. A veces la respuesta no requiere una gran inversión. Basta un saludo, una conversación o la decisión de volver al día siguiente.

Tal vez así comienzan a reconstruirse las ciudades: cuando las instituciones cumplen con su responsabilidad y la ciudadanía asume la propia. Una conversación, un vecino y una calle a la vez.

La autora es Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Presidenta del Colectivo Ambientalista de Sonora. Integrante de Transform Our World. Ciudadana. Comediante. Integrante de la Red HCV.

Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico.Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.