El reto de transformar los centros de rehabilitación en México

Por: Florina Garza Brunswick

La reforma de 2022 marcó un antes y un después en la atención de las adicciones. Los centros residenciales enfrentan ahora el desafío de adecuarse a un modelo basado en los derechos humanos, la evidencia científica y la atención comunitaria

Los tres cambios más importantes de la reforma de 2022

  • Consentimiento informado. El ingreso a tratamiento debe privilegiar la voluntad de la persona, con excepciones únicamente en los casos previstos por la ley.
  • Menores de edad. Niñas, niños y adolescentes deben recibir atención en servicios especializados y no en centros residenciales para adultos.
  • Fin de las estancias prolongadas. Los tratamientos deben ser individualizados, con evaluaciones periódicas y orientados a la recuperación e integración comunitaria.

En México, el tratamiento de las adicciones atraviesa uno de los cambios más importantes de las últimas décadas. Con la reforma a la Ley General de Salud en materia de salud mental y adicciones, publicada en mayo de 2022, y la implementación de nuevos lineamientos por parte de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA), los centros de rehabilitación dejaron de ser únicamente espacios de internamiento para convertirse en instituciones obligadas a garantizar atención profesional, ética y respetuosa de los derechos humanos.

La transformación no es menor. Durante muchos años, gran parte de los establecimientos residenciales funcionaron bajo modelos que privilegiaban el aislamiento, los tratamientos prolongados y, en algunos casos, el ingreso sin el consentimiento de la persona. Hoy, la legislación mexicana busca romper con esas prácticas para construir un modelo centrado en la recuperación integral y la reinserción social.

Este cambio representa un reto considerable para cientos de centros de rehabilitación que deberán adecuar sus protocolos, capacitar a su personal y fortalecer su infraestructura para cumplir con los nuevos estándares de atención.

Una problemática que sigue creciendo

Las adicciones continúan siendo uno de los principales problemas de salud pública en el país.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA), miles de personas ingresan cada año a la Red Nacional de Atención a las Adicciones para recibir tratamiento. Entre las principales sustancias por las que se solicita atención destacan el alcohol, las metanfetaminas y el cannabis, reflejando la evolución del consumo en México.

A ello se suma que, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2023, alrededor del 15 % de la población adulta presenta síntomas de depresión, situación que evidencia la estrecha relación entre la salud mental y los trastornos por consumo de sustancias, y la necesidad de ofrecer tratamientos integrales.

Los especialistas coinciden en que la recuperación no depende únicamente de dejar de consumir una sustancia, sino de atender simultáneamente aspectos emocionales, familiares, sociales y comunitarios.

La reforma de 2022 introdujo disposiciones que modifican de manera significativa la operación de los centros de rehabilitación.

Uno de los cambios más relevantes consiste en privilegiar el consentimiento informado para el ingreso a tratamiento. Esto significa que la voluntad de la persona debe ocupar un lugar central en las decisiones relacionadas con su atención, limitando los internamientos involuntarios a los supuestos excepcionales previstos por la legislación y sujetos a controles específicos.

Para muchos centros, acostumbrados durante años a recibir personas trasladadas por decisión familiar, este cambio implica replantear completamente sus procesos de admisión y fortalecer la orientación a las familias sobre las alternativas de tratamiento.

Otra disposición establece que las personas menores de edad no deben permanecer en establecimientos residenciales destinados a adultos.

Esta medida busca proteger el desarrollo físico y emocional de niñas, niños y adolescentes, quienes requieren programas especializados, personal capacitado y tratamientos acordes con su edad.

Para numerosos centros representa un desafío adicional, ya que deberán canalizar oportunamente a esta población hacia servicios especializados.

Durante años, algunos modelos de rehabilitación consideraban internamientos de seis meses, un año o incluso más tiempo.

Con el nuevo marco normativo, los tratamientos deben responder a una evaluación clínica individualizada, revisarse periódicamente y orientarse a la reintegración familiar y comunitaria, evitando la institucionalización innecesaria.

La permanencia ya no puede definirse de manera automática, sino con base en la evolución terapéutica de cada persona.

La adecuación a los nuevos lineamientos implica cambios profundos en la operación cotidiana de los centros.

Entre las principales acciones que deben fortalecer destacan:

  • Valoraciones médicas y psicológicas desde el ingreso.
  • Expedientes clínicos completos y actualizados.
  • Planes de tratamiento individualizados.
  • Consentimiento informado debidamente documentado.
  • Personal capacitado en salud mental, adicciones y derechos humanos.
  • Instalaciones seguras, higiénicas y libres de violencia.
  • Protocolos para la prevención de riesgos y la atención de emergencias.
  • Programas de reintegración familiar, educativa y laboral.

Estas medidas buscan garantizar tratamientos de mayor calidad y reducir prácticas que durante años fueron motivo de preocupación para autoridades sanitarias y organismos defensores de derechos humanos.

El desafío de profesionalizar la rehabilitación

La transición hacia este nuevo modelo representa importantes retos económicos y administrativos. Muchos establecimientos deberán invertir en capacitación continua, contratación de profesionales de la salud, actualización documental, mejoras en infraestructura y adecuación de sus procesos internos.

Sin embargo, especialistas consideran que estos cambios permitirán fortalecer la confianza de las familias, mejorar los resultados terapéuticos y consolidar a los centros como verdaderos aliados del sistema nacional de salud. La profesionalización también abre la puerta a procesos de reconocimiento institucional y supervisión que contribuyan a elevar la calidad de los servicios en todo el país.

El nuevo enfoque impulsado por CONASAMA reconoce que las personas con problemas de consumo de sustancias no deben ser tratadas únicamente como pacientes, sino como titulares de derechos.

La atención debe favorecer la recuperación integral, la autonomía, la participación de la familia cuando sea posible y la reinserción social, alejándose de modelos basados exclusivamente en la disciplina o el aislamiento. Más que modificar procedimientos administrativos, la reforma propone transformar la cultura de atención en los centros de rehabilitación.

Los nuevos lineamientos emitidos por CONASAMA representan uno de los cambios más relevantes para los centros de rehabilitación en México en los últimos años. La incorporación del consentimiento informado, la atención diferenciada para menores de edad y la eliminación de las estancias prolongadas obligan a las instituciones a evolucionar hacia modelos más profesionales, humanistas y sustentados en evidencia científica.

Si bien la adaptación implica desafíos operativos, financieros y organizacionales, también constituye una oportunidad para fortalecer la calidad de los servicios y garantizar que las personas que buscan apoyo reciban una atención digna, segura y respetuosa de sus derechos.

La autora es directora del Centro de Rehabilitación y Prevención en Adicciones La Posada del Buen Samaritano. Es integrante de la Red Hermosillo ¿Cómo Vamos?

Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico.Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.