FOMO ¿miedo a perderse algo? o ¿miedo a que la vida de otros parezca mejor que la tuya?

Por: Berenice Domínguez Olmedo

¿Conoces a alguien que está constantemente pegado a sus dispositivos electrónicos revisando redes sociales? O bien ¿has notado en algún familiar, amigo o conocido la necesidad de publicar o hacer saber constantemente lo que hace, a donde viaja, o lo que come, entre otras cosas en sus redes?

Pues bien, éste estado de ansiedad social es conocido desde unos años atrás por el nombre de FOMO que por sus siglas en inglés “Fear of missing out” se traduce como la preocupación constante de perderse de las novedades que están pasando en las personas, contextos locales o globales que son significativos para una persona.

El FOMO es uno de los nuevos gatillos que detonan en los individuos la necesidad de estar constantemente conectados o activos en redes sociales y de enterarse de lo que está sucediendo en las personas o ámbitos que le resultan de interés. Y si bien, las redes sociales son una nueva forma de conectar, vincularte o comunicarte con otros, su mal uso o el consumo excesivo de estas nos puede llevar a desarrollar una dependencia hacia las pantallas o dispositivos electrónicos.

Quienes suelen ser los más afectados son los jóvenes, pues a diferencia de los adultos son ellos los que con mayor frecuencia se conectan a varias plataformas a la vez e invierten más tiempo para estar frente a pantallas. Llevando todo esto a desarrollar una posible adicción al uso de redes sociales pues estas les proveen una sensación de pertenencia a grupos que comparten la necesidad de estar continuamente comentando, actualizando su información sobre amigos, familia, artistas, influencers y noticias o bien sumándose a formas de “cancelación o desaprobación” de personas, movimientos sociales o sucesos actuales.

En México el promedio mínimo de horas que llega a pasar un joven y adulto joven consumiendo redes sociales es de 9 horas, lo que genera su dependencia digital si no se tiene una autogestión del tiempo. Algunas repercusiones asociadas a esto pueden ser: el aislamiento social, pérdida de redes de apoyo, baja autoestima, trastornos de sueño, angustia, trastornos de estado de ánimo, desacreditación de logros personales, comparación constante con los demás, necesidad de validación, estrés y compulsión por revisar las redes por mencionar algunas.

Ahora bien, se podrán preguntar ¿cómo puedo manejar en mí mismo/a el impacto que me genera el desconectarme? Primeramente, hay que autoevaluarnos, es decir, identificar en nosotros qué siente mi cuerpo y qué pensamientos vienen a mi mente cuando no estoy usando redes sociales. Después es comprender que no es desconectarse por completo de la realidad digital si no más bien es aprender a gestionar nuestra necesidad por mantenernos actualizados y/o informados sobre lo que está pasado en el mundo virtual.

Así la idea de poner una pausa a nuestro consumo no parece algo tan limitativo o tajante. Podemos revisar las horas en las que con mayor frecuencia hay un consumo de nuestra parte y empezar a bajar el tiempo que le invertimos de manera gradual, por ejemplo, practicar el ayuno digital y restar de 15 a 20 minutos a mi tiempo en redes sociales e invertirlo en alguna actividad de interés o convivencia. Promover en nosotros el termino JOMO “Joy off missing out” que es lo contrario del FOMO pues nos invita a disfrutar el aquí y ahora, ser partícipes de lo que pasa a nuestro alrededor y desconectarnos de las pantallas durante nuestro día.

Finalmente, la invitación es a aprender a convivir de una manera más sana con esta realidad virtual en la que vivimos. Los extremos como lo sabemos son dañinos, pues no puede ser todo blanco o negro, necesitamos empezar a fomentar en nuestros pequeños la auto-regulación y en los adultos los límites, ya que nuestras experiencias de vida, carencias emocionales y el contexto cultural en el que nos desenvolvemos juegan un papel importante para desarrollar o no un trastorno.

Recordemos que cuando una actividad empieza a generar en las personas una desconexión con su realidad personal, familiar o laboral es hora de ser objetivos y cuestionarse si realmente nosotros controlamos la situación o viceversa. Como ya se ha mencionado con anterioridad la salud mental debe cuidarse tanto o más como cuidamos nuestra salud física ya que una no puede existir sin la otra.

-“La verdadera paz mental llega cuando dejas de preocuparte por lo que hacen los demás y disfrutas de tu propio tiempo”-

La autora es Psicóloga. Gestora Social Comunitaria. Gerente de Fundación Don Jorge Aguilar Heredia AC. Integrante de la Red HCV.

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