El espejismo verde: pasto sintético y ciudad desértica

Por: Marcela Orozco Noriega
Los hermosillenses han idealizado el césped y su apariencia, aunque ecológicamente no es parte natural de la ciudad. Durante las últimas décadas, el pasto sintético se ha promocionado como una solución de embellecimiento de larga duración que ayuda a ahorrar agua y reducir gastos de mantenimiento en un contexto climático árido. Esta costumbre está arraigada en nociones culturales de estética y diseño, en las que se busca mantener una imagen “verde” durante todo el año.
Es importante cuestionar la falsa idea de que una ciudad sustentable debe verse igual en cualquier parte del mundo. Durante años hemos copiado modelos de paisaje ajenos a nuestra realidad climática, priorizando una imagen artificial de “verdor” sobre el funcionamiento ecológico del territorio.
Aunque se argumenta que el césped artificial reduce costos y tiempo de mantenimiento, que no requiere irrigación constante, que tiene larga durabilidad y que es amigable para niños y mascotas, la realidad es que posee un valor ecológico muy bajo y no fomenta la resiliencia urbana.
Hoy te invito a informarte sobre el daño ecológico que produce el pasto artificial, así como sobre las alternativas sustentables y viables que existen para evitar su uso. Esta invitación está dirigida especialmente a desarrolladores, arquitectos, paisajistas, proveedores, propietarios, legisladores y autoridades, quienes cargan con distintos grados de responsabilidad al recomendar, aprobar o normalizar su instalación.
El pasto sintético es nocivo para el medio ambiente porque está hecho de plásticos y materiales derivados del petróleo, como polietileno, polipropileno y nylon. Su fabricación requiere extracción de combustibles fósiles, procesos industriales de alto consumo energético y emisiones derivadas del transporte, generando una huella de carbono que comienza incluso antes de ser instalado.
Además, esta solución aparentemente práctica contribuye a la contaminación por microplásticos. Con el tiempo, el pasto artificial se degrada debido a la exposición solar, las condiciones climáticas y el uso cotidiano, desprendiendo pequeños fragmentos de plástico y partículas de caucho que terminan en el suelo, drenajes, arroyos y océanos. Como resultado, los microplásticos se encuentran ampliamente distribuidos en ecosistemas y especies silvestres alrededor del mundo.
Al finalizar su vida útil, el césped sintético suele terminar en rellenos sanitarios y basureros, ya que su reciclaje es complicado al combinar plásticos, pegamentos, arenas y hules en un mismo producto.
Otro aspecto preocupante es que el césped plástico puede alcanzar temperaturas mucho más altas que el terreno natural e incluso superar la temperatura del concreto en banquetas y vialidades. Esto contribuye directamente al efecto de isla de calor en Sonora y sus ciudades desérticas. En cambio, la vegetación natural tiene propiedades de enfriamiento mediante la evapotranspiración; el pasto falso no.
Asimismo, la tierra y la vegetación natural sostienen microorganismos, insectos, lombrices, procesos de infiltración de agua y ciclos de carbono que forman parte de la base ecológica que sostiene la vida. El césped sintético, en cambio, sella el suelo debajo de una capa de plástico y frecuentemente se instala sobre materiales compactados, reduciendo la salud del suelo y la biodiversidad.
Es importante entender que no estamos hablando únicamente de una lucha entre pasto natural y pasto sintético, sino de un cambio de paradigma sobre lo que significa realmente “verde”. La conversación debe orientarse hacia paisajes que no dependan de ningún tipo de césped como elemento central.
Las soluciones para nuestras ciudades deben inclinarse hacia el uso de vegetación adaptada al clima local, la creación de espacios sombreados mediante árboles y el diseño de jardines que funcionen ecológicamente, en lugar de imitar áreas verdes con plástico. El paisaje de una ciudad desértica tiene posibilidades infinitas y no se reduce solamente a cactáceas y tierra.
Una ciudad verde, verdaderamente verde, está diseñada para funcionar como parte de su ecosistema y no en contra de él. En Hermosillo, el diseño urbano responsable debe aprovechar las cualidades naturales del desierto mediante vegetación regional, materiales permeables, infraestructura que proteja el agua y espacios adaptados al calor extremo. El pasto sintético no forma parte de esa visión ni mitiga el calor urbano.
Hermosillense: tienes la oportunidad de contribuir al refrescamiento de nuestra ciudad. Incluso un área pequeña de vegetación puede funcionar ecológicamente al absorber dióxido de carbono, sostener polinizadores, filtrar agua de lluvia y disminuir la temperatura del ambiente.
No elijas instalar pasto sintético, porque es un material de bajo valor ecológico.
Únete a la construcción de un Hermosillo verdaderamente verde, resiliente y adaptado a su entorno. Apostar por soluciones naturales no significa renunciar a la belleza, sino redefinirla de manera más consciente y sostenible.
La autora es Arquitecta, Maestra en Estudios de Diseño y Planeación en Riesgo y Resiliencia Urbana. Especializada en análisis de riesgo y vulnerabilidad urbana, y planificación sostenible. Integrante de la Mesa de Movilidad y de la Mesa de Desarrollo Urbano y Servicios Públicos Municipales de HCV.
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

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