El costo emocional de una sociedad deteriorada

Por: Briyitte Alejandra Espinoza Real
Sonora se encuentra en una crisis de salud mental. En los últimos 5 meses se han registrado al menos 34 intentos de suicidio a nivel estatal de acuerdo con el Informe Nacional de Vigilancia Epidemiológica. En Hermosillo de acuerdo con los reportes oficiales de la Policía Municipal se han registrado al menos seis casos de intento o consumación en la vía pública.
Lo alarmante no es solamente las altas cifras si no la postura social ante los hechos de salud mental. Vivimos rodeados de estigmas y una desensibilización colectiva ante el sufrimiento ajeno. Podemos pensar que este tipo de casos afecta a la población de manera inmediata, sin embargo, la respuesta que vemos a nivel social suele ser apática e inclusive violenta.
¿Por qué la postura social es tan importante? La respuesta es simple, vivimos en una sociedad que ha normalizado en gran medida un estilo de vida que favorece la desconexión humana y eso nos vuelve parte del problema.
Entender que una crisis emocional individual también es colectiva nos permitirá comenzar a cuestionar como nuestro contexto social está influyendo directamente en la salud emocional de las personas. Durante mucho tiempo la salud mental se ha centrado en el individuo, pensando que debemos aprender a gestionar emociones, ser resilientes, desarrollar hábitos saludables y cambiar nuestra manera de pensar, sin embargo la salud mental no existe aislada del entorno y en terapia comprobamos cada vez más que las causas de estados emocionales relacionados a la ansiedad y depresión tienen mucho más que ver con las condiciones sociales y la falta de accesibilidad que con la capacidad de gestión de las personas.
No es casualidad que hoy existan niveles tan altos de ansiedad y depresión. Factores como la normalización de la violencia; la incertidumbre económica y la falta de oportunidades para poder tener una vida de calidad; la pérdida de comunidad en los diferentes espacios, así como el desgaste del núcleo familiar y la hiperconectividad están afectando en gran medida nuestro bienestar manteniéndonos en un constante estado de tensión. El sistema nervioso humano no está diseñado para vivir permanentemente en estado de alerta y lamentablemente hemos normalizado la inseguridad y la incertidumbre como un estilo de vida.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que la salud mental está directamente influenciada por las condiciones en las que las personas nacen, viven, trabajan y se relacionan. En un país donde la violencia se ha vuelto parte de nuestra rutina diaria y el contenido informativo que consumimos gira en torno a ello muchas personas viven en hipervigilancia constante sin siquiera notarlo.
Además, nos encontramos en una época donde el tejido social se ha ido degradando; este deterioro modifica nuestra sensibilidad emocional de manera colectiva generando en algunos casos hipersensibilidad y ansiedad, y en otros una desensibilización total.
Aunque pareciera que estamos más conectados en esta era digital por la accesibilidad e inmediatez que tenemos a través de las pantallas, la realidad es que la conexión emocional va en declive pues buscamos cada vez menos espacios reales de convivencia, apoyo y comunidad. Y aunque la tecnología no es el problema, si ha cambiado nuestra forma de relacionarnos.
Si bien, es importante tener y generar bases individuales para favorecer la salud mental, es necesario reconocer que las personas no existen aisladas de su contexto y que es ahí donde radica el impacto emocional, cognitivo y conductual.
La ansiedad y la depresión no surgen meramente de una “falla personal” sino también de vivir en contextos profundamente desgastantes donde cada vez es más difícil sostener el autocuidado y el bienestar si no se cuenta con los medios necesarios. No podemos pedirle a una persona que se “sienta bien” si no tiene condiciones dignas para descansar, si no vive en un entorno seguro y sobre todo si no cuenta con una estabilidad económica, familiar y social.
Reconocer esto abre la conversación para que podamos ver la salud mental de manera distinta, no como un proceso individual, sino como algo colectivo. ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo para que el costo emocional, físico y social vaya en aumento? Si el deterioro social impacta en la salud mental, entonces podemos pensar que fortalecer la comunidad también puede convertirse en una forma de prevenir un desgaste significativo.
La importancia de reconocerlo sugiere que planteemos acciones tanto a nivel público como privado que sean sostenibles para fortalecer la cohesión social encaminadas a la reconstrucción de espacios comunitarios; la accesibilidad de la salud mental, no solamente enfocada en la atención sino en la prevención educando desde edades tempranas tanto en escuelas como en espacios familiares; diseñar ciudades más humanas donde la calidad de vida no tenga un costo tan elevado, así como mejorar las condiciones laborales y de accesibilidad; proponer acciones efectivas para prevenir y atender los diferentes tipos de violencia y buscar la manera de regular y educar sobre el uso digital.
Sanar no siempre es un proceso individual que se sostiene únicamente con terapia, hábitos y fuerza de voluntad, también depende de las condiciones del entorno. No solo corresponde a las instituciones buscar la manera de generar estos cambios, también es importante que como individuos cuestionemos nuestra cotidianidad y reconozcamos aquellas acciones que suman y restan para el bienestar propio y por ende social.
La autora es Psicóloga de la salud, colaboradora de organizaciones sociales y facilitadora de talleres. Integrante de la Red Hermosillo ¿Cómo Vamos?
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

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