Salva una mujer, salva una familia. Testimonios y reflexiones sobre la recuperación

Por: Flor Garza Brunswick
Los integrantes del equipo que labora en nuestro Centro de Rehabilitación y Atención Integral nos sentimos plenamente comprometidos con cada uno de los casos que atendemos. Enfrentar la enfermedad de las adicciones y, más aún, los crecientes casos asociados a trastornos de salud mental representan un desafío que nos impulsa a mejorar continuamente, capacitarnos y fortalecer nuestras estrategias para lograr los resultados esperados en cada una de nuestras pacientes.
El consumo de sustancias entre mujeres es una problemática que va en aumento tanto a nivel nacional como regional. En México, durante 2022, de las 167,905 personas que solicitaron tratamiento por consumo de sustancias, el 16.3 % fueron mujeres (27,307 casos). Entre ellas, la sustancia principal fue el alcohol (35%), seguida por estimulantes tipo anfetamínico y depresores del sistema nervioso central. Además, solo una de cada dieciocho mujeres con trastornos por consumo de drogas recibe atención profesional, frente a uno de cada siete hombres. En el estado de Sonora, estudios recientes indican que la edad promedio de inicio del consumo en mujeres es de 18 años, y apenas el 12.8 % de ellas ha recibido tratamiento especializado, lo que evidencia la brecha de acceso y atención. Estos datos reflejan una realidad preocupante: las mujeres enfrentan barreras adicionales para acceder al tratamiento, incluyendo estigmas sociales, falta de redes de apoyo y responsabilidades familiares que dificultan su rehabilitación.
Laura N., 23 años
“Consumí durante nueve años. En ese tiempo me encargué de destruirme y destruir a mi familia. No me importaba nada ni nadie; perdí la noción del tiempo, dejé de comer y de cuidar mi higiene. Llegué a vender mi cuerpo y a poner en riesgo mi vida; incluso me inyecté con una jeringa infectada con hepatitis. De milagro sigo viva. Llegué a este lugar inconsciente, y al despertar, mi familia ya me había traído a esta casa de vida que me devolvió las ganas de vivir. Aprendí que mi Poder Superior podía devolverme la cordura y que, aunque la enfermedad es para toda la vida, existe una solución diaria: Solo por hoy, 24 horas. Mi proceso fue duro, pero encontré a Dios, la esperanza y el deseo de vivir limpia y sana.”
Carolina, 26 años
“Durante mis cinco años de consumo no me importaba nada. Buscaba excusas para seguir consumiendo, culpando a mi familia, a mis amistades y a mis parejas. Me enojé con Dios por situaciones que yo misma provoqué y caí en un fondo del que creí que nunca saldría. La culpa y la vergüenza me invadieron, al grado de pensar que mi adicción nunca terminaría. Después de una
intoxicación y de intentar quitarme la vida, llegué a este centro. Mi proceso tuvo muchas altas y bajas, pero aprendí a sanar, a creer en un Ser Superior que me ama y no me juzga. Hoy tengo esperanza, fe y gratitud por haber aprendido a quererme.”
Alicia, 36 años
“Consumí durante catorce años, desde el fallecimiento de mi madre. Creí que podía dejarlo cuando quisiera, pero la adicción me controló por completo. Llegué a elegir entre comer o conseguir la droga. Cuando mi hija fue víctima de una agresión, busqué ayuda psicológica y ahí detectaron mi problema. Me canalizaron a este centro, donde finalmente me encontré conmigo misma y con mi Poder Superior. Reconocí el daño que causé a mi familia y a mí misma. No fue fácil, pero con el apoyo de mis hijos y el perdón, logré concluir mi proceso de recuperación.”
Cada historia es un testimonio de superación y esperanza. Aunque sus contextos son distintos, todas comparten la carencia de amor propio, la dificultad para afrontar duelos y la presencia de un profundo dolor emocional que las llevó al consumo. Sin embargo, también las une la fortaleza de haberse levantado y encontrado un nuevo sentido a la vida. Superar una adicción implica reconocer la enfermedad, identificar las causas que llevaron al consumo y, sobre todo, reconectar con el Ser Superior. Con paciencia, fe y acompañamiento, la recuperación es posible.
En nuestro centro creemos firmemente que “Salva una mujer, salva una familia.” Las mujeres son el pilar de los hogares; su bienestar físico y emocional es esencial para el futuro de sus familias. Y recuerda: “No estás sola.” Busca ayuda profesional, comunícate con la Línea de la Vida, o acércate a grupos de apoyo como AA o Al-Anon, donde podrás encontrar orientación y acompañamiento.
La autora es egresada de la carrera de Administración por la Universidad de Monterrey.
Cuenta con estudios en Desarrollo Sostenible e Inclusión por parte de la Universidad Iberoamericana de Puebla, así como cursos en Gestión de Desarrollo Social. Es miembro activo de Centros Especializados en Tratamiento de Adicciones del Estado de Sonora, la Red de Organizaciones Civiles, la Junta de Asistencia Privada y la Mesa de Adicciones de la asociación Hermosillo ¿Cómo Vamos? Actualmente se desempeña como Directora del Centro de Rehabilitación y Prevención en Adicciones La Posada del Buen Samaritano.
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico. Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.

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