Agricultura Regenerativa: un camino frente al estrés hídrico en SonoraSus beneficios y cómo lograrla en el campo sonorense

Por: Karina López Ivich

“El problema del agua en la agricultura en Sonora sí tiene solución, y empieza desde el suelo”. Con esta frase, Ray Archuleta —reconocido especialista internacional en salud del suelo— enmarcó su charla sobre agricultura regenerativa, invitado por la Asociación Ganadera Regional de Sonora. Y no podría ser más real ni más pertinente.

En un estado marcado por la escasez de agua, la agricultura regenerativa ofrece una ruta concreta y viable para producir alimentos, cuidar el suelo y usar el agua de manera más eficiente.

Uno de los principales beneficios de la agricultura regenerativa es precisamente la conservación del agua. Su objetivo central es mejorar la calidad del suelo, incrementando su contenido de materia orgánica y fortaleciendo sus nutrientes. Un suelo sano funciona como una esponja: retiene más agua, la infiltra mejor y la libera lentamente hacia las plantas. Pero los beneficios no se quedan ahí. De manera general, pueden agruparse en tres grandes resultados:

  • Mejor retención de agua en el suelo, lo que reduce la cantidad de riego necesaria.
  • Menor dependencia de agroquímicos y labranza, disminuyendo costos de insumos y energía.
  • Mayor productividad y mejor calidad de los alimentos, lo que se traduce en mayor rentabilidad para el agricultor.

En pocas palabras: bajar costos, mantener o aumentar la producción y mejorar la rentabilidad, al mismo tiempo que se cuida el medio ambiente.

Suena muy bien. Entonces surge una pregunta natural: ¿por qué no todos los agricultores han hecho ya esta transición?

La respuesta es que el cambio no es inmediato ni sencillo. Pasar de un modelo agrícola convencional a uno más armónico con la naturaleza requiere tiempo, inversión, capacitación y, sobre todo, un cambio de mentalidad, o de “chip” como dicen los mismos agricultores. Para muchos productores, el proceso puede percibirse como riesgoso, especialmente en los primeros años.

Sin embargo, la experiencia en distintos contextos demuestra que, una vez superada la etapa de transición y ajustes, los beneficios son reales, medibles y sostenibles en el tiempo.

¿En qué consiste, entonces, la agricultura regenerativa? Sus principios básicos incluyen:

  • Minimizar el laboreo del suelo, avanzando hacia cero o mínima labranza.
  • Mantener el suelo cubierto todo el año, mediante rastrojos, acolchados o cultivos de cobertura.
  • Conservar plantas vivas y raíces activas, que alimentan la vida del suelo y mantienen activo el ciclo de nutrientes.
  • Fomentar la biodiversidad, tanto sobre el suelo (plantas, insectos, polinizadores) como debajo de él (microorganismos, lombrices), por ejemplo, a través de policultivos.
  • Integrar animales en los sistemas productivos, mediante esquemas de pastoreo regenerativo y manejo holístico.

Para lograr una transición amplia y exitosa, es clave entender qué es lo que hoy frena el cambio. Desde la perspectiva de la innovación agrícola, estas barreras suelen agruparse en dos grandes categorías:

Primero, fallas de mercado. Actualmente, el mercado no recompensa de manera suficiente las mejoras ambientales ni el esfuerzo adicional que implica adoptar nuevas prácticas. Tampoco se reconoce económicamente la generación y transferencia de conocimiento.

Segundo, fallas de sistema. La transición requiere un ecosistema de apoyo: políticas públicas, instituciones, programas de acompañamiento técnico y organizaciones que ayuden a reducir riesgos y a cambiar paradigmas productivos.

Aquí es importante subrayar una premisa clave: el agricultor no tiene por qué asumir solo todo el costo ni todo el riesgo de la transición, así como tampoco el consumidor debe cargar por completo con el aumento del precio de los alimentos. La agricultura regenerativa requiere la participación de toda la cadena agroalimentaria, junto con el sector público.

La evidencia académica y técnica coincide en que se necesita una red de apoyo integral, que incluya:

  • Asistencia técnica directa, con acompañamiento en campo, proyectos piloto y parcelas demostrativas. Los agricultores adoptan más fácilmente nuevas prácticas cuando ven que funcionan en condiciones similares a las suyas.
  • Apoyo económico, a través de programas públicos, incentivos para los primeros adoptantes, seguros agrícolas adecuados, pagos por servicios ambientales e hídricos, pago por captura de carbono y esquemas de financiamiento combinado.
  • Redes de intercambio de conocimiento, donde los propios agricultores compartan experiencias y aprendizajes.
  • Reconocimiento social, ya sea mediante mejores precios, preferencia de consumo o sellos que reconozcan el cuidado de la tierra.

Puede sonar ambicioso o incluso abrumador, pero un plan estratégico, bien diseñado e implementado por etapas, lo hace totalmente viable. El punto de partida es escuchar a los agricultores, entender sus necesidades y asegurar que la transición sea técnica y económicamente posible para productores pequeños, medianos y grandes.

Existen ya iniciativas exitosas, incluidas algunas en las que colaboro con agricultores e instituciones en Canada, que, con las adaptaciones adecuadas, pueden inspirar soluciones viables y duraderas para Sonora. Aquí comparto la liga a dos de estos programas: Regenerative Agriculture in Canada: Considerations for Standardization y Canadian Alliance for Net-Zero Agri-food.

Porque si algo es claro, es que invertir en suelos sanos es invertir en seguridad hídrica, resiliencia climática y futuro para el campo sonorense.


La autora es Ing. Bioquímica en Recursos Acuáticos, M.Sc. en Ingeniería Ambiental y M.A. en Economía Ambiental y Políticas Públicas. Actualmente realiza el doctorado en Sustentabilidad Ambiental en la Universidad de Ottawa y colabora con Smart Prosperity Institute. Ha colaborado ampliamente con empresas y organizaciones de la sociedad civil, directora de IAMM, A.C. Es integrante de la Mesa de Agua de Hermosillo ¿Cómo Vamos?

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