Infancias robadas

Por: Briyitte Alejandra Espinoza Real
El pasado mes de junio se conmemoró el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, y se habló de que más de 70 mil niñas, niños y adolescentes (NNA) en el estado se encuentran desempeñando alguna actividad económica.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil 2022 del INEGI, en México, alrededor de 28.4 millones de menores de edad se encuentran en situación de trabajo infantil.
Muchos de estos trabajos representan un riesgo físico y emocional para las NNA que los desempeñan debido a que suelen ser actividades que requieren un gran esfuerzo o se realizan en espacios no aptos para ellas y ellos como campos agrícolas, construcciones o la calle.
Todos los días somos testigos de cómo niñas, niños y adolescentes intentan ganarse el sustento en las calles, realizando actividades de entretenimiento en semáforos, limpiando vidrios o vendiendo productos. Desafortunadamente es algo que la mayoría de las personas hemos llegado a considerar una normalidad. No nos resulta alarmante que cada vez son más las NNA que se encuentran en las calles pidiendo dinero.
El trabajo infantil no solo se entiende como aquel en el que hay una ganancia económica, sino toda actividad que prive a las infancias y adolescencias de sus derechos, su potencial y su dignidad. Ir a la escuela, disfrutar del tiempo libre mediante el juego o esparcimiento, y tener periodos de descanso son derechos fundamentales. Actividades como el cuidado de hermanos menores, adultos mayores o personas enfermas tambien representan un trabajo forzado.
La realidad es que el trabajo infantil es una consecuencia de la falta de oportunidades laborales y económicas a las que muchas familias se enfrentan en la actualidad. Vivimos en un estado donde cada vez es más difícil sostener económicamente una familia y donde la calidad de vida se vuelve un verdadero reto. La participación de niñas, niños y adolescentes en espacios de trabajo puede estar fuertemente influenciada por la necesidad de ayudar a papá y/o mamá a sostente el hogar.
Es crucial que se planteen estrategias para disminuir el trabajo infantil y mejorar la calidad de vida de las infancias y adolescencias. Las NNA que trabajan tienen menos posibilidades de permanecer en la escuela o de acceder a una educación de calidad. Como consecuencia se limita la oportunidad de obtener empleos bien remunerados en el futuro.
Sin embargo, no podemos ignorar que la mayoría de los casos de trabajo infantil son producto de una necesidad urgente, y en la mayoría de los casos, de la violencia estructural a la que estas NNA y sus familias son sometidas.
No se trata de juzgar desde el privilegio la situación, ni de culpabilizar o reprobar directamente a quienes también son víctimas de un sistema que no brinda oportunidades dignas. Disminuir el trabajo infantil es un desafío enorme debido a que existen muchos factores de por medio como la perpetuación de la desigualdad y la pobreza.
En muchos de los casos las NNA que se encuentran desempeñando alguna actividad económica vienen de un núcleo familiar en donde pueden ser víctimas de diferentes tipos de violencia además de estar expuestos al riesgo de consumir sustancias a temprana edad.
¿Qué podemos hacer entonces?
Primeramente hablar abiertamente del tema nos permite visibilizarlo como un problema real y dejar de verlo como una normalidad, además favorece que podamos reconocer sus consecuencias inmediatas y futuras. Es necesario sensibilizar sobre los derechos de las NNA en espacios comunitarios y familiares, así como brindar apoyo a familias en situación de vulnerabilidad y denunciar a las autoridades correspondientes las situaciones de riesgo que podamos detectar.
Tener consciencia de que en muchas ocasiones consumir productos o servicios ofrecidos por NNA en situación de calle no ayuda debido a que esto favorece que permanezcan en tal situación. Lo ideal es reportar estos casos para que se les brinde un seguimiento adecuado y se identifique la razón por la que se encuentran en dicha condición.
Como individuos podemos informarnos de las instituciones, tanto públicas como privadas, que trabajan a favor de las infancias y adolescencias. En Sonora, la Procuraduría de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes y la Fundación Nueva Generación cuentan con procesos y programas para atender casos y brindar apoyo a infancias y adolescencias que se encuentran en alguna situación de vulnerabilidad.
Es indispensable que el gobierno busque la manera de generar políticas públicas eficaces que garanticen un seguimiento a este tipo de casos y fomenten la sensibilización en espacios laborales y comunitarios. Además, se deben promover, en conjunto con las empresas, trabajos dignos y bien remunerados para la población adulta, así como programas de apoyo a trabajadoras/es que permitan aumentar la calidad de vida de sus familias.
Combatir el trabajo infantil no es solo una cuestión moral, sino también económica y política. Tolerarlo nos vuelve cómplices de la injusticia. Sacrificar el desarrollo sano de las infancias y adolescencias es una sentencia a largo plazo.
La autora es Psicóloga, colaboradora de organizaciones de la sociedad civil y facilitadora de talleres. Integrante de la Red HCV. Contacto redes: @psic.briyittespinoza | correo: psic.briyittespinoza@gmail.com
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