Accidentes con sustancias peligrosas y la cultura de la seguridad

Por: Héctor Duarte Tagles
Recientemente han ocurrido algunos accidentes carreteros en nuestro estado que involucraron el transporte de sustancias peligrosas, los cuales han puesto en riesgo la seguridad no sólo del ambiente sino de la misma población. En menos de una semana durante el mes de abril, se presentaron tres accidentes en tramos carreteros de Hermosillo, Cajeme y Navojoa, con pipas que volcaron derramando cantidades importantes de amoniaco, sulfato de aluminio y diésel respectivamente.
En Sonora se transportan materiales peligrosos por carretera y ferrocarril, lo que implica que esté latente el riesgo de accidentes. Para el caso de nuestro municipio, el accidente de la pipa de amoniaco no tuvo víctimas fatales, pero el riesgo de consecuencias graves fue potencialmente alto. El amoniaco es una de las 20 sustancias peligrosas que más se transportan en el estado incluyendo Hermosillo, ya sea como amoniaco anhidro licuado (a presión) utilizado sobre todo en sistemas de enfriamiento, o como nitrato de amonio (sólido) muy utilizado en la agricultura como fertilizante, entre otros usos.
De acuerdo con la norma oficial mexicana NOM-002-SCT-SEMAR-ARTF/2023, LISTADO DE SUBSTANCIAS Y MATERIALES PELIGROSOS (MERCANCÍAS PELIGROSAS), una substancia peligrosa es todo aquel elemento, compuesto, material o mezcla de ellos que independientemente de su estado físico, represente un peligro potencial para la salud, el ambiente, la seguridad de los usuarios y/o la propiedad de terceros; considerando también a los agentes biológicos capaces de ocasionar enfermedades.
La norma anterior toma como reglamentación modelo las recomendaciones emitidas por las Naciones Unidas para el transporte de mercancías peligrosas, las cuales se clasifican en 9 clases con varias divisiones cada una, de acuerdo con sus características corrosivas, explosivas, tóxicas, inflamables, radiactivas, transportadas a presión o biológicas-infecciosas.
Sin embargo, la existencia de normas no ha sido suficiente para garantizar la ausencia de accidentes. Datos de la Coordinación Estatal de Protección Civil muestran una tendencia al alza en los accidentes: de 151 percances en 2021 a 296 en 2022. El problema, entonces, no parece estar en la falta de regulación, sino en su cumplimiento efectivo.
El espíritu de la normatividad ambiental va más allá de solo la obtención de autorizaciones y llenado de bitácoras y listas de cotejo. Es, ante todo, la búsqueda de estrategias que anticipen la aparición de escenarios que pongan en riesgo a la salud de las personas, a la calidad del ambiente y de las propiedades. Esta visión contribuye a fomentar una verdadera cultura de la seguridad.
Es evidente que el transporte de materiales y sustancias peligrosas debe ser preocupación para la sociedad, pero en Hermosillo, muchas de estas sustancias no sólo transitan: también se almacenan. En marzo pasado, una bodega en la colonia Casa Bonita fue desalojada por la aparente emisión de vapores de urea. Aunque el incidente no tuvo consecuencias graves, evidenció la vulnerabilidad urbana ante este tipo de riesgos. Y no se trata únicamente del ámbito industrial. Las sustancias peligrosas también están presentes en comercios y hogares. El accidente ocurrido el 1 de noviembre de 2025 en la tienda Waldos debería marcar un punto de inflexión en nuestra percepción del riesgo.
Es imposible aspirar a un entorno sin riesgos. Sin embargo, sí es posible reducirlos. Esto comienza desde lo cotidiano: prácticas más seguras en casa, mayor conciencia en el manejo de sustancias y una ciudadanía que no ignore las señales de advertencia.
La cultura de la seguridad no se impone desde la autoridad: se construye desde la sociedad. Y mientras sigamos viendo estos accidentes como hechos aislados, seguiremos reaccionando tarde.
El autor es PITC por la Universidad de Sonora, Especialista en Salud Ambiental y Ocupacional
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