Sanar también es colectivo

Por: Briyitte Alejandra Espinoza Real
Recientemente leí el libro “Todo sobre el amor” de Bell Hooks, una escritora estadounidense que dedicó una parte de su investigación a entender el amor. En uno de sus capítulos habla sobre la comunidad como una parte importante de nuestra vida y como un medio indispensable para el desarrollo de las personas.
En los últimos meses he estado intentando comprender cuales son los factores que influyen en la crisis de salud mental que estamos viviendo en la actualidad y de muchas maneras me he encontrado con una respuesta frecuente: la falta de comunidad.
En su libro Bell Hooks habla de cómo hemos descuidado los espacios familiares y sociales que se centran en una serie de valores que potencializan una comunión asertiva entre las personas. Menciona que hemos caído en la búsqueda del poder y el individualismo ocasionando en los últimos tiempos una crisis social, emocional y familiar.
Esto no quiere decir que no formemos parte activa de una comunidad, sino que la comunión con otras personas se ha debilitado e inclusive vuelto insana. Cada vez tenemos más normalizado formar y mantener vínculos donde existe una relación de poder significativo, donde se ejerce violencia y/o donde hay una desconexión emocional.
Un buen ejercicio para reconocer esto es observando y cuestionando en qué medida nos encontramos “conviviendo” con familia y amigos sin que haya una conexión real, es decir, hoy en día es normal encontrarnos en casa o en medio de una conversación y que cada cual se encuentre inmerso en su mundo digital; o que nuestra interacción se sienta general y vacía; e inclusive que nos sintamos en desconfianza o riesgo con nuestros vínculos cercanos.
Varios estudios sobre salud mental mencionan que la percepción de soledad va en aumento, independientemente de la edad es muy común que tendamos a aislarnos o mantener una socialización reducida a los medios digitales.
Henri Nouwen menciona que “la sensación de soledad es una de las fuentes más universales del sufrimiento humano”. Como terapeuta puedo atestiguar que la gran mayoría de los casos con los que trabajo actualmente se centran en tres puntos: la búsqueda del afecto, la evitación de la soledad y la dificultad para mantener o crear vínculos sanos y recíprocos.
¿Cómo afecta esto a la salud mental? Uno de los factores protectores más importantes es la red de apoyo, esta se conforma por personas y/o instituciones que pueden brindarnos algún tipo de apoyo durante una situación significativa. Hoy en día tener una red de apoyo activa y funcional se vuelve un reto para la mayoría de las personas porque muchos de los vínculos que mantenemos se han deteriorado emocionalmente con el tiempo.
Sin embargo, hay una búsqueda constante de pertenencia y conexión. Nos encontramos con adolescentes y jóvenes que no se sienten parte de su comunidad y que no encuentran en casa o en su familia extendida un entendimiento y refugio. Además, muchas personas adultas refieren también un distanciamiento emocional de sus vínculos, espacios y dinámicas.
Así mismo, a pesar de que el tema de salud mental y la expresión emocional está cada vez más normalizado es difícil encontrar un receptor dispuesto a escuchar y contener por lo que muchas personas no cuentan con recursos para hacer frente a las dificultades diarias y sus opciones se limitan a espacios que generan un coste económico significativo como la terapia, a la cual muchas personas no pueden acceder.
Quizá tener una red de apoyo que favorezca el diálogo y la escucha de manera regular, basada en un entendimiento y empatía, fuera de juicios, no va a solucionar la crisis actual, pero si puede dar herramientas de acompañamiento significativas para que las personas hagan frente a sus problemas y reducir en un futuro el riesgo emocional. Es necesario considerar que no podemos apostar a una mejora colectiva en términos de salud mental si esperamos que cada persona sane de manera aislada.
Entonces ¿cómo podemos formar comunidad? Para hacerlo es esencial que valoremos principalmente como es nuestro actuar cotidiano en diferentes espacios como la familia, con las amistades y en el trabajo; puede ayudarnos responder preguntas como: ¿Qué tanto me involucro con mis personas cercanas?, ¿Qué tan presente me siento en mi día a día?, ¿Qué tanto me permito comunicar y expresar a otras personas como me siento, lo que pienso y lo que hago?, ¿Cómo se ven mis conversaciones con mi red de apoyo?, ¿A que espacios pertenezco que no representen una obligación?
Como sociedad tenemos un reto importante para restaurar la cohesión social y potencializar formas funcionales de integración y convivencia; sin embargo, podemos hacer pequeños cambios en nuestro actuar diario. Hooks propone acciones como compartir una sonrisa con alguien, un cálido saludo o algunas palabras; hacer un gesto amable o mostrar aprecio por la amabilidad de las demás personas; esforzarnos cada día para que nuestra familia este más unida o buscar la manera de estar presente con las amistades, entre algunas otras cosas.
Si logramos poner en práctica pequeñas acciones como estas de una manera consciente, presente y constante podemos empezar a sentar las bases para lograr una mayor cohesión social, así que pregúntate ¿qué cambios puedes hacer para generar comunidad?
La autora es Psicóloga de la salud. Colaboradora de organizaciones sociales. Facilitadora de talleres. Integrante de la Mesa de Adicciones y Salud Mental. Contacto redes: @psic.briyittespinoza | correo: psic.briyittespinoza@gmail.com
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