Economía Política y Economía del Comportamiento: Un Recorrido para Entender y Transformar la Realidad

Por: Sergio Tadeo Leyva Fimbres

El Informe sobre el Futuro del Empleo 2025 del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) presenta un dato que merece detenerse a observar: se espera que el 39% de las habilidades clave en el mercado laboral cambien para 2030. No es una cifra menor, aunque es ligeramente inferior al 44% registrado en 2023. Lo interesante es que este cambio no se centra únicamente en aprender nuevas tecnologías, aunque claro, eso también importa. La transformación real está en el desarrollo de competencias blandas, aquellas que permiten adaptarse a entornos más dinámicos, automatizados y globales. La capacidad de pensar, de colaborar, de adaptarse, se vuelve más relevante que nunca.

En México, este debate está tomando forma bajo el Plan México. Se presenta como un motor para que las nuevas generaciones crezcan con mejores oportunidades, salud, educación y capacitación, en un país más equitativo y estable. El gobierno habla de una estrategia para lograr prosperidad compartida, y plantea metas concretas: egresar 150 mil profesionistas y técnicos al año con formación continua alineada a los sectores estratégicos, garantizando que el 100% de la educación media superior y técnica sea dual. Al mismo tiempo, universidades de todo el país discuten cómo integrar la Inteligencia Artificial en los programas de licenciatura y posgrado. El Instituto Mexicano para la Competitividad A. C. (IMCO), por su parte, insiste en que todo esto debe acompañarse de políticas sólidas de formación integral de capital humano.

Si algo se repite en todos estos planteamientos es la importancia de desarrollar capital humano de alto nivel. La diferencia entre “mano de obra” y “mente de obra” lo dice todo. Mientras la primera se centra en la fuerza física y la ejecución de tareas, la segunda valora el conocimiento, la reflexión y la capacidad de resolver problemas, considerando a los trabajadores como activos intelectuales. Hoy, la “mente de obra” es la que permitirá a México insertarse en la industria de alta especialización y competir de manera real.

Las universidades enfrentan dos retos grandes. Primero, cómo formar en los estudiantes las competencias duras y blandas que la industria requiere, con la meta de procesos de Cero Defectos. Segundo, cómo medir el desarrollo real de habilidades blandas como pensamiento analítico, resolución de problemas complejos, creatividad e innovación, adaptabilidad, inteligencia emocional y colaboración, entre otras. Estas competencias han sido identificadas por el Foro Económico Mundial como esenciales para 2030.

El problema es que no basta con enseñar teoría. Las universidades deben colaborar con la industria, diseñando estrategias, planes de acción e indicadores claros. Los estudiantes tienen que trabajar en proyectos industriales reales, donde pongan en práctica sus habilidades. Al mismo tiempo, los docentes requieren capacitación y certificación en metodologías como el aprendizaje basado en proyectos (ABP). Esto no es un lujo: es la manera de lograr que los estudiantes sean protagonistas de su aprendizaje, resolviendo problemas concretos y trabajando en equipo. Es allí donde las competencias blandas, como liderazgo, resiliencia emocional, habilidades interpersonales e influencia social, se desarrollan de manera genuina, y no solo en teoría.

El desafío es evidente: ¿cómo alcanzar la meta de 150 mil profesionistas y técnicos anuales que plantea el Plan México? La verdad, cantidad no es sinónimo de competitividad. El IMCO subraya que el éxito no depende solo de atraer inversiones o ampliar infraestructura. La clave está en formar capital humano que responda a las necesidades del hoy y del mañana. México necesita planes estratégicos que conviertan a las personas en su principal ventaja competitiva, siempre y cuando la educación deje de ser un proceso aislado y se convierta en un proyecto compartido entre gobierno, academia, industria y sociedad. Alcanzar cifras récord de egresados no sirve si el mercado sigue insatisfecho.

Estamos hablando de un reto que es, en el fondo, sobre el México que queremos construir. Si dejamos que la educación sea un proceso desconectado de la industria y de la sociedad, difícilmente lograremos que las nuevas generaciones estén listas para enfrentar un mundo más exigente y competitivo. Por el contrario, si logramos integrar estos esfuerzos, podremos desarrollar profesionistas capaces de innovar, adaptarse y liderar en sus áreas.

No es un camino fácil. Requiere voluntad, coordinación y visión. Pero si se logra, el resultado será más que números: serán personas capaces de contribuir al crecimiento de México, a la productividad de las empresas y a la construcción de una sociedad más sólida. Al final, es un esfuerzo colectivo. Helen Keller lo dijo con claridad: “solos podemos hacer tan poco, juntos podemos hacer mucho”. Ese principio debería guiar la formación de capital humano, tanto en las universidades como en la industria y, con ello, el futuro del país.

El autor es docente adscrito al departamento Metal Mecánica del TecNM® Campus Hermosillo (ITH) y miembro activo de la Red Hermosillo ¿Cómo Vamos? Correo electrónico: sergio.leyvaf@hermosillo.tecnm.mx

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