Más allá del área verde por habitante: género y datos subutilizados

Por: Juan Carlos López Torrero
Las múltiples responsabilidades que asumen las mujeres —como la preparación de alimentos, el cuidado del hogar y la atención a niñas, niños, personas mayores o enfermas— condicionan la forma en que interactúan con la ciudad. Estas actividades influyen en la frecuencia de sus desplazamientos, los horarios en que se movilizan y el tipo de transporte que utilizan. En consecuencia, sus trayectorias urbanas tienden a ser más diversas y complejas que las de los hombres (UN-Habitat, 2012).
A pesar de la amplia producción científica en torno a la igualdad de género, persiste una brecha significativa en la representatividad de las mujeres en los espacios públicos (Pereira y Rebelo, 2024). Aunque se han documentado desigualdades en el acceso a las áreas verdes urbanas entre distintos grupos demográficos, las diferencias de género en su uso cotidiano han recibido escasa atención. Esta omisión se debe, en buena medida, a la falta de datos confiables que permitan monitorear con precisión cómo se utilizan estos espacios en contextos urbanos (Huang et al., 2024).
En muchas ciudades, las mujeres enfrentan mayores restricciones de movilidad y menos oportunidades para hacer uso de los espacios verdes públicos. Por ello, resulta fundamental garantizarles un acceso equitativo, seguro y adaptado a sus necesidades particulares (Minaei et al., 2025). En este sentido, un estudio realizado en Çiğli, Turquía, advierte que la mera construcción de un área verde no garantiza su apropiación como espacio público ni asegura su utilización efectiva. Más allá de calcular metros cuadrados por habitante, es indispensable planificar estos entornos desde una perspectiva inclusiva, que reconozca la diversidad de realidades urbanas y priorice las experiencias diferenciadas de las mujeres y otros grupos históricamente subrepresentados (Efe Güney et al., 2022).
En ciudades con rápido crecimiento, el contacto con áreas verdes influye en el grado de satisfacción vital de la población. Un estudio realizado en Shanghái, China, analizó cómo el género modifica esa relación. A partir de datos sobre visibilidad y acceso a espacios verdes, se observó que mujeres y hombres se ven afectados de forma distinta: para ellos, el acceso directo tiene mayor relevancia; para ellas, la presencia visual de vegetación —particularmente la estética— resulta más determinante. El estudio sugiere que la planeación urbana debe incorporar estas diferencias de género, y destaca la necesidad de investigaciones adicionales sobre el impacto de las áreas verdes en el bienestar (Sun et al., 2025).
De manera complementaria, un estudio realizado en Zielona Góra, Polonia, muestra que las mujeres suelen visitar con mayor frecuencia las áreas verdes cercanas a sus viviendas, tienden a los parques infantiles y aquellos espacios que perciben como estéticamente agradables. También se identificaron diferencias en los patrones de movilidad: ellas prefieren los parques ubicados en el centro, optan más por desplazarse a pie o mediante transporte individual; en contraste, los hombres tienden a recorrer mayores distancias para acudir a zonas verdes más alejadas (Bąkowska-Waldmann y Piniarski, 2023).
Los espacios verdes urbanos diseñados con perspectiva de género contribuyen al bienestar de las mujeres y se alinean con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Sin embargo, aún existe escasa investigación sobre sus preferencias específicas. En el caso de Chengdu, China, se encontró que ninguna característica del entorno construido determina por sí sola qué espacios prefieren las mujeres. En cambio, existen seis combinaciones de factores que influyen en sus elecciones, siendo el tiempo disponible, la percepción de seguridad y la presencia de servicios públicos los más relevantes (Li y Luo, 2025).
La Agenda 2030 propone 231 indicadores para evaluar el avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de los cuales 50 están relacionados con el género. Sin embargo, muchos países aún no los reportan de manera adecuada. Entre 2016 y 2020, solo el 31 % de estos indicadores fue informado al menos una vez, en promedio. Este bajo nivel de cobertura no se debe únicamente a la falta de datos, sino también a la subutilización de los datos disponibles. Por ejemplo, si los países aprovecharan las estimaciones de población desagregadas por sexo, la cobertura de datos podría aumentar hasta el 43 %. Fortalecer los sistemas estadísticos nacionales es clave, ya que su solidez se asocia con una mayor capacidad de reporte. No obstante, los países de ingresos bajos no necesariamente presentan un desempeño inferior al de los países más ricos, a pesar de contar con sistemas más limitados. Esto sugiere que la voluntad política y el compromiso institucional interno son factores decisivos para avanzar en el reporte de los indicadores de género (Serajuddin et al., 2023).
El autor es Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora, especializado en políticas públicas. Vocal del Consejo Consultivo del IMPLAN, con experiencia en valuación de bienes nacionales para INDAABIN y gestión de fraccionamientos en Promotora de Hogares.
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